dijous, 3 de desembre del 2015

Mis aburridas clases domésticas

Mis aburridas clases domésticas
Era un día cálido aunque estábamos en invierno. Me sentía muy alegre y tenía muchísimas ganas de ir en busca de nuevas especies con mi querido abuelito, pero debía ir a clase de costura con mi madre. ¿No estaba cansada mi madre de verme hacer esos trapos? Llevábamos muchos días practicando para la feria del pueblo vecino y seguía sin hacerlo bien aunque iba mejorando poco a poco. Supongo que no lo hacía correctamente porque no era una cosa que  realmente me gustara. En las últimas clases aprendí a bordar calcetines. Serán el regalo de Navidad para mi familia. Cuando por fin terminé la clase de costura apareció mi abuelo en ese mismo instante y me alegró el día al decirme que le acompañara al río a por nuevas especies. Cuando salí por la puerta con mi abuelito, mi madre me recordó que tenía clase extra de cocina y por lo tanto iba yo a hacer la cena de mi familia. La verdad es que estaba bien harta de hacer tareas de casa. Yo no quería vivir de esa manera cuando fuera mayor, yo quería ir a la Universidad.
Por fin salí de casa de la mano de mi abuelo que tiraba de mí. Por el camino, como era un largo recorrido a pie, mi abuelito me hizo varias preguntas sobre cómo llevaba la lectura del libro de Darwin, como evolucionaba Petey... La verdad era que no avanzaba demasiado con el libro por culpa del tiempo que perdía en las aburridas clases domésticas. Le expliqué las últimas lecturas y llegamos así al rio. Allí disfrutamos de todo lo que nos rodeaba y pudimos encontrar algunas “rosas de agua”, que son unas plantas robustas que tienen hojas como la de los sauces y sus flores son de un amarillo brillante. Forman densas alfombras. Las flores crecen durante todo el verano en tallos que salen desde la base. Las flores tienen 5 pétalos y 5 sépalos. Es el alimento de las aves acuáticas y de las ratas. Estaba entusiasmada cogiéndolas.

Se hizo muy tarde y debía volver a casa para cocinar. Esas flores calmaron mi enfado. A las siete de la tarde ya estaba en casa. Odiaba hacer las cosas de casa pero aún odiaba más no tener tiempo para poder hacer lo que realmente me fascinaba. Estaba a punto de revelarme a mi madre y a Viola. Pensé en muchos planes para librarme aunque no se me ocurrió ninguno lo suficientemente creíble para no llevarme una buena bronca. Finalmente cociné con la ayuda de esas dos plastas. Hice una sopa de verduras, pollo de segundo y un intento de pastel de lima para los postres. Realmente estaba contenta porque me lo había trabajado y había dado su fruto mi esfuerzo  aunque no podía olvidar que el tiempo perdido allí no me dejó estar más tiempo con el abuelo disfrutando en el rio.

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