Mis aburridas clases domésticas
Era
un día cálido aunque estábamos en invierno. Me sentía muy alegre y tenía
muchísimas ganas de ir en busca de nuevas especies con mi querido abuelito,
pero debía ir a clase de costura con mi madre. ¿No estaba cansada mi madre de
verme hacer esos trapos? Llevábamos muchos días practicando para la feria del
pueblo vecino y seguía sin hacerlo bien aunque iba mejorando poco a poco.
Supongo que no lo hacía correctamente porque no era una cosa que realmente me gustara. En las últimas clases
aprendí a bordar calcetines. Serán el regalo de Navidad para mi familia. Cuando
por fin terminé la clase de costura apareció mi abuelo en ese mismo instante y
me alegró el día al decirme que le acompañara al río a por nuevas especies.
Cuando salí por la puerta con mi abuelito, mi madre me recordó que tenía clase
extra de cocina y por lo tanto iba yo a hacer la cena de mi familia. La verdad
es que estaba bien harta de hacer tareas de casa. Yo no quería vivir de esa
manera cuando fuera mayor, yo quería ir a la Universidad.
Por fin salí de casa de la
mano de mi abuelo que tiraba de mí. Por el camino, como era un largo recorrido
a pie, mi abuelito me hizo varias preguntas sobre cómo llevaba la lectura del
libro de Darwin, como evolucionaba Petey... La verdad era que no avanzaba
demasiado con el libro por culpa del tiempo que perdía en las aburridas clases domésticas.
Le expliqué las últimas lecturas y llegamos así al rio. Allí disfrutamos de
todo lo que nos rodeaba y pudimos encontrar algunas “rosas de agua”, que son unas plantas robustas que tienen hojas
como la de los sauces y sus flores son de un amarillo brillante. Forman densas
alfombras. Las flores crecen durante todo
el verano en tallos que salen desde la base. Las flores tienen 5 pétalos y 5
sépalos. Es el alimento de las aves acuáticas y de las ratas. Estaba
entusiasmada cogiéndolas.
Se hizo muy tarde y debía volver a casa para cocinar. Esas
flores calmaron mi enfado. A las siete de la tarde ya estaba en casa. Odiaba
hacer las cosas de casa pero aún odiaba más no tener tiempo para poder hacer lo
que realmente me fascinaba. Estaba a punto de revelarme a mi madre y a Viola.
Pensé en muchos planes para librarme aunque no se me ocurrió ninguno lo
suficientemente creíble para no llevarme una buena bronca. Finalmente cociné
con la ayuda de esas dos plastas. Hice una sopa de verduras, pollo de segundo y
un intento de pastel de lima para los postres. Realmente estaba contenta porque
me lo había trabajado y había dado su fruto mi esfuerzo aunque no podía olvidar que el tiempo perdido
allí no me dejó estar más tiempo con el abuelo disfrutando en el rio.
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